"Dichosos los que respetan el derecho y practican siempre la justicia. Acuérdate de mí por amor a tu pueblo".

El hábito de la justicia produce felicidad, una gran dicha; pero somos conscientes de que esta felicidad es compatible con las lágrimas. Con frecuencia esas lágrimas vienen de otros ojos, o de las miserias propias o también de las ajenas: una nueva oportunidad para la misericordia.
Si luchas por ser justo te acercarás con agradecimiento a Dios para rogarle que se acuerde de ti. Y si no has sido justo, no solo puedes pedir a Dios que no se olvide sino que te ayude a ser justo y a reparar tus propias faltas.
Vero.
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